viernes, 6 de noviembre de 2026

Bien cumplidos

Sus años y su palabra, sus generosos gestos, sus pasos enormes, también los pequeños. Algunos sueños, los que vendrán esbeltos, unos tímidos y un manojo discreto. Libres en sus anhelos, comparten todo tanto, más que el minuto cero. Confidentes en sus miedos y, como cantaba Antonio Vega, en el sitio de su recreo.

Dejan que respiren ciertos detalles como quien sopla al viento, le cuentan...les cuento que es un pellizco lo que siento si veo que tiemblan, si se detiene su silencio; las ad/miro, las veo grandes si lo requiere el momento con esas diminutas luces que parpadean inigualables, inasequibles al des/aliento.

Son verdad, por fuera y por dentro. Va pas(e)ando el tiempo, a veces de colores al trote, otras al galope...sus primeros pálpitos de huellas hechos, sus risas en el cuarto infinito de sus juegos, sus mejores instantes pequeños que nos hicieron gigantes en días que tatuados llevo, pero en la piel del alma que eriza el cuerpo desde muy al fondo, poblado, tan inmenso.

Caminan a su aire, uno de salitre y de esfuerzo, de complicidad en un bonito y humilde lienzo, ni cobarde ni yermo; estar a su vera, delicioso refugio, a cubierto. Y si no se entera bien el mundo cómo son, sin descifrar su entrañable secreto, somos afortunados los que estamos a su lado, pues lo vamos conociendo; nunca dejarán de sorprender con su espléndido vuelo, a ras de suelo, sin que apenas se note: prudente, comedido, suave, tierno, diferente, hermoso, único y cierto. 

Y desde el cielo lo saben, son como esas increíbles flores de los almendros.

Diecinueve hojas...llenas de soplos inéditos, sin pie de página; la imprescindible historia donde siempre serán el comienzo.

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