domingo, 15 de marzo de 2026

Milhojas de cielo

Te pienso y tiemblo un poco porque ya no puedo felicitarte, darte un beso, contarte qué me pasa, o qué tal el café en Sieiro. Sé que no hablaré contigo como siempre hacíamos...si había zozobra en el invierno o si la primavera estallaba con sus colores intensos; si el otoño deshojaba nuestros anhelos o si el verano con su ocio tiznaba la piel de los sueños o simplemente desearte un feliz cumpleaños y decirte en un rato nos vemos.

Te pienso en un día como hoy con tus brazos bien abiertos, con esa manera tuya tan de verdad en tus palabras, en tus gestos. Qué bueno eras papá y qué difícil se hace no acurrucarme en tu cuerpo.

¿Hay crucigramas en el cielo? O camisas de tu talla tan Giacometti, de esas que te gustaban ajustadas en el cuello? Y milhojas de cuento? ¿Qué libro, mamá, está leyendo?

Tu nieta pequeña, puedes verla cómo sigue dibujando, esos increíbles trazos que hace, aunque no se lo crea, cómo se dedica con toda su bella alma a ello? Mamá siempre le pedía que le pintase algo, cómo se le iluminaba la cara y el verde de sus ojos parecía más verde si cabe, qué gratos recuerdos de papel. Nunca los olvidaré, esos pedacitos tiernos.

Y a su hermana, la observas? Cómo lleva una camiseta con el número ocho a su espalda al jugar al fútbol ? Seguro que no te pierdes ningún partido... más cerca estáis de lo que pienso. Dicen que juega muy bien que solo le falta coger fondo y tener más cuerpo. Estarás de acuerdo? Si hoy te ha dedicado un gol es solo para que lo notes tú, su querido abuelo. Bien la conoces, lo suyo va por dentro, no tiene que enterarse nadie para que sea auténtico.

Te acuerdas que siendo muy pequeña, jugabas a la pelota con ella en el jardín mientras mamá estaba debajo del sauce sentada junto a vuestra otra nieta, cómo disfrutaba viéndolo. Me pedía un trozo de bizcocho y zumo fresquito, deliciosos aquellos momentos.

Habéis jugado mucho con todos vuestros nietos. Ojalá hubiesen tenido más tiempo los más pequeños...

Os echamos mucho de menos, dile a mamá que no se moleste si el dieciocho no puedo escribirle unas líneas, ruge el león que llevo dentro; estos días especialmente está revuelto por tantos momentos únicos pasados de por medio.

Cuánto la admiro y la quiero!!! Qué difícil es ser madre, no sé cómo pudo hacerlo! Creo que no se lo agradecí lo suficiente, fue una maestra maga en ello.

Soplar las velas los dos, quizás se levante algo de viento, que respire fuerte Riazor, que alce el salitre su vuelo.

En todas mis oraciones, presente os tengo que no pasado, se puede pensar que hablo sola y sin embargo me contesta un hermoso velo de silencio.

Si susurro despacio, en ese instante se eriza la piel de mi pensamiento y al cerrar los ojos, os veo, juntos de la mano como si vuestro amor fuese de estreno sobre la alfombra roja de ese atardecer de verano que me trae tantos recuerdos buenos.

miércoles, 4 de marzo de 2026

No es un búho siempre el que ulula

El parque se alborota sin que nadie se dé cuenta, sobre todo al hibernar, se inquieta hasta el agua de la fuente. La hierba cansada está que la pisen y la helada estropee su verde menta.

Hay murmullos en bancos húmedos por el rocío, en su vis a vis los silencios se detienen, se echa de menos hasta el bullicio de la gente que sin la calidez del estío parece envilecerse en un dantesco mundo en el que se ha olvidado lo que era amarse.

No es sencillo vender lo que no se tiene, mas uno no se quiere hacer ilusiones si como pompas de jabón se desvanecen. Eres invierno y padeces... ya que envejeces rápido y sin tiempo para idioteces.

La nieve solo luce bonita en las estampas navideñas o en la tele de antes y sin redes.

A lo lejos canta el mismo ruiseñor del cuento ese y sigue aún con los ojos cerrados la bella durmiente, el lobo soplando por doquier y quedando de imbécil. Pero más desasosiego hay en el cuento que le echa cierta gente, si al comienzo la bruja no se muestra y cuando menos lo esperas, aparece.

Lo que no se dice por algo es y uno no para de pensar demasiado y deshacerse.

Por ejemplo este trozo de relato que perece... 

Hace ya mucho tiempo que no se le echa de menos, se apartó por no dejar de doler y algunos tienen planes que ahora mismo no le apetecen.

Efímera disimula, resiliente, vocablo tan de moda que le parece absurdo como invidente. Y respira también una pizca de valiente y algún día logrará ser tan bonita como a sus padres les parecía y aún en esa maldita ley de vida de distancia obligada, fusilada por des/fallecida, prefiere creer que la observan, la cuidan, la sostienen.

No se le oye porque calló de repente... en la cuenta nada (contra)corriente como tantos por unos instantes hirientes y el viento de su norte le golpeó de frente.

Los ruidos no siempre vienen de fuera y la mentira no es su fuerte. Ir de cara no es muy común como tener demasiados finales y más si eres de principios, el camino continúa tan oscuro pero no es un búho siempre el que ulula y sí que hay árboles que dejan ver bien el bosque, los que alzan sus ramas desnudas a un cielo que no alcanzan como si le suplicaran ayuda cuando su tronco se resquebraja de las raíces que lo hicieron crecer.

Y de qué manera se retuercen en su auxilio, se erizan hasta estremecerse como erizos con sus púas e hibernan solos como es certera la tristeza y sus arrugas... de aristas hechas con ese azul a/mar de peculiar y hermosa ternura. Comenzar de nuevo no es fácil si ya te dieron peladas las uvas.

viernes, 6 de febrero de 2026

Instantáneas al dente

Voy a hablar de unos pequeños aires cálidos que apenas se notan, a veces pasan desapercibidos cuando ocurren y no por tímidos precisamente pero parece que no hay tiempo para saborearlos. Y luego brotan según el peso y el paso de los d-años cuando menos te lo esperas; vendrían a ser como selfies archivados en nuestra memoria pasada que no posada. Cada uno tiene los suyos. Naturales y en su punto.

La sonrisa de mi madre al acercarme a ella, sus ojos llenos de emoción que se empapaban más de verde, el olor a bizcocho de los viernes cuando mi hermano regresaba de la mili, las figuritas que hacía con maicena y eran tan dulces como ella. Sus pinzas de la ropa colgadas en su mandil puestas por la pillería de dos de mis hermanos mayores, su zapatilla volando que nunca acertaba, era como un grito cómodo y cómico lanzado al aire para reñir muy de aquella época; su manera única de arropar a cada uno por la noche como si fuésemos pedacitos de apreciada ternura, sus confusiones en el lenguaje con las palabras, por ejemplo siempre le dieron mucha grima los gánsteres( decía en vez de hámsters ), el olor inconfundible de su piel delicada a ninguna crema y sus pies pequeños como sus gestos entrañables y su cabello de algodón de azúcar.

El tacto suave de las manos generosas de mi padre, sus caricias incomparables que calmaban, el sabor de sus palabras de una sabiduría incalculable, sus piernas nerviosas viendo al Depor y que no paraban hasta meter él mismo el gol. Su manera de hacer crucigramas de una manera concienzuda, su café en el mismo bar a media mañana, tan caliente que no sé cómo no le quemaba. Su paciencia infinita con todos, sin excepción, su fuerza de voluntad y su capacidad para amar sin excusas. Su forma de conducir en la que te mareabas sí o sí, rápida y con determinación, parecía que nos persiguiese alguien como en esas películas de acción que tanto le gustaban. Su predisposición para todo ...Nunca vi hacer albóndigas tan pequeñas y tantas como para comer un regimiento, en mi casa siempre llena que ni con ocho bastaba.

Y ambos te sabían escuchar y de qué manera...algo que se nos olvida que no es nada sencillo, compartían con nosotros todo su tiempo pese a que a trabajadores no les ganaba nadie- sigo pensando que mi padre era el que ponía las calles para que al despertar ya estuvieran ahí para nosotros-.

Y dedicar tiempo es algo que cada vez se hace menos y no nos engañemos, aunque no hubiese móviles, seguiríamos no haciéndolo porque cuesta mucho regalar tu tiempo. Y mis padres lo hacían como ya no lo hace casi nadie. 

A veces pienso que las divertidas sobremesas se inventaron en mi hogar, como las olimpiadas que se hacían en el largo pasillo con los amigos o las acampadas con mi hermano, el pequeño de todos ellos, debajo de la mesa camilla del salón a la que llevábamos linternas, comida y cantimplora y allí nuestra imaginación volaba como si estuviéramos en plena naturaleza. O la música bien alta del tocadiscos puesta por dos de mis hermanos que mi padre amenazaba con llevarse al coche porque decía que se escuchaba desde el portal al llegar de trabajar o esas comidas a modo italiano en la cocina con ventanas al patio de luces o esos desayunos recién exprimidos con Colacao y magdalenas, por ejemplo, de la Bella Easo para los cinco sin perro aunque mi hermano el mayor lo hubiese intentado en alguna ocasión según me tienen contado.

Se desvanecen rápido sus voces en mi mente y me rompe el no poder recordarlas pero me quedo con tantos instantes, vívidas imágenes, momentos de lo más variado, buenos y no tanto. Pero hay un leitmotiv en todo ello: amor. El norte quizás podías perderlo pero estaban allí como siempre para ayudarte a encontrarlo. 

Se les echa mucho de menos y solo queda recordarlos y sentirse afortunados por haberlos vivido. Consuelo? no sé. Pero sí mucha vida y la tuvimos en ple/amar sobre nuestras manos gracias a mis padres y en mi caso también a mis hermagos mayores. Es hermoso recordar lo auténtico sin que te des cuenta, solo por sentir y por haberlo vivido, sed de estar siempre agradecido.

lunes, 5 de enero de 2026

Con/fianza nada 0,0

Un grupo de jóvenes con la L a su espalda hacen lo im/propio de su edad a altas horas de la madrugada, beben y viven como si su día siguiente fuese a desaparecer de forma fulminante.

Pasa cerca de allí un coche muy rápido en zona de treinta por hora, una persona no tan joven hace eses con las ruedas. La policía se detiene ante el grupo en prácticas pero deja correr, nunca mejor dicho, al conductor del ebrio vehículo.

Más tarde les llega el aviso que ha habido un accidente, se van de allí advirtiéndoles a los chicos que por esta vez harán la vista gorda.

El peligro se esconde en lugares insospechados al lado de las decisiones recién salidas que por el simple hecho de tomarlas a la ligera, convierten en blanco fácil para los errores y juntos cantan bingo en la oscuridad de lo estúpido.

Cuando llegan al lugar de lo ocurrido solo se ve lo siniestro que ha dejado la supuesta madurez al volante. Dos ambulancias se miran tristes y tienen esas luces que no son pocas que están hartas de pisar lo fregado por los mismos.

Un móvil suena urgente a uno de los jóvenes, su padre le dice que le acaba de avisar la guardia civil que la madre está siendo llevada al hospital. Un coche la ha embestido por ir borracho y éste ha salido ileso o quizás ninguno de todos ellos. 

Se da cuenta que no solo es colega de sus amigos y ya está, también es hijo, nieto, hermano, sobrino, primo... y se queda en sombra, mirando para la pantalla, esta vez, negra del suelo.

La noche parece más oscura y más ebria que de costumbre, una amiga de la pandilla empieza a encontrarse mal y se cae bruscamente, sus eles se ponen nerviosas y no saben qué hacer pero llaman como si fuesen a delatarse... a emergencias...aquí no sirve mandar un mensaje. 

Al final las generaciones de las últimas letras del alfabeto se mezclan como un cóctel molotov en la sala de urgencias. No es que no sepan beber, bajo una falsa con/fianza viven como si estuvieran en un juego virtual. Unos y otros creen saber latín y el carpe diem in extremis etílico no es la única lengua muerta y sí un arma nada blanca de doble filo.

miércoles, 24 de diciembre de 2025

Skitty garrapiñada

Skitty echa de menos a Squirtle y a Meganium. A ellos les encantaban estas fiestas.

Se los imagina en el cielo celebrándolas, a su madre comiéndose el turrón y con el corazón como un mazapán, desde luego que cabello de ángel ya tenía cuando adornaba hasta los cuadros de casa con guirnaldas y las luces del árbol puestas.

Skitty es aún pequeña y no entiende el significado de algunas palabras como soledad y perogrullada y se le pone cara de acelga congelada. Tiene mucho frío desde que se fueron, le tirita hasta el hada que cree que le acompaña, pegada a su cuello.

También les pasa a Ikachu, a Brocky, a Billu y a Brunne. Las Navidades con ellos eran de ternura a la taza como el chocolate con churros que preparaba su padre la mañana de Reyes después de abrir los regalos .

Qué fila más larga hacían ante la puerta del salón como las siete notas musicales. Y cuántos mensajes dejaba Baltasar por toda la casa, ella emocionada no se daba cuenta que era la letra de uno de sus hermagos.

Skitty no puede más, le pesan ciertos recuerdos movidos que se vuelven perseverantes, le salen agujetas en su corazón y le duele su envasado al vacío de no tenerlos.

Aquellos paseos por la calle Real con sus padres y el olor a castañas desde el principio de esta. Meganium y Squirtle les compraban a Ikachu y a ella un cucurucho, estaban muy calentitas y eran instantes cálidos pese al frío de fuera.

Llevaba un gorro de lana de colores que le había calcetado la prima de su madre con unos mitones a juego y sus coletas apenas se le veían, salvo por los tirabuzones que le salían traviesos a la vista de cualquiera.

Skitty no entiende que haya personas que se van para no volver y otras que pese a estar, no regresan. Se le arma un buen lío en su cabeza.

Siempre estaban todos juntos, había muchas risas, alborozo y jaleo ; lo típico de una gran familia, de esas que se ven en las películas navideñas y en las estampas que ahora le rodean.

Skitty se siente garrapiñada y no sabe qué hacer con todos sus pensamientos amontonados en el desván de la esquina, en la que se ha convertido su almendra. Demasiado pequeña aún y ya está rota como un jarrón de cristal de bohemia.

Skitty quiere dormir para soñarse en aquellos días de fiesta pero no puede, le ha dicho una señora que es doctora que padece insomnio y que tiene que tener paciencia. No sabe quién es ese insomnio tan grande que le asusta y la mantiene despierta. En su hogar no había ese tipo y teme que sea el hombre del saco que viene a por ella y no precisamente Papá Noel el que baje por la chimenea.

Ahora está en unos de esos puntos negros que tanto le asustaban de más pequeña, cuando estaba al punto de... todo, de cocerse, de hervir, de quemarse...pero Squirtle y Meganium la protegían y no terminaba en ese agujero oscuro donde las lágrimas tiemblan, el ánimo sangra y la pena se queda varada como una ballena muerta.

Además su hucha cerdito ha desaparecido donde ahorraba el valor, las ganas, las fuerzas para cuando le hiciesen falta y también la almohada mágica que le regalaron sus padres en un mercadillo dentro de un sueño que una Nochebuena tuvo ella. 

Skitty lo tiene crudo a modo tartar y se le ha puesto pocha su sonrisa de caramelo y su varilla de duende mágico por mucho que la agite no le concede ningún deseo de postre y su genio de la lámpara no tiene la luz suficiente ni aunque le apriete las tuercas. Es un genio LED que desconoce lo que es, igual que no comprende la razón de porqué ciertos momentos han cambiado de sitio y luego no los encuentra.

Skitty cree que nadie debería quedarse huérfano, aunque una de sus pelis favoritas fuese Annie que la vio por primera vez en el cine Riazor porque la llevaron su hermago mayor y su pareja. 

Ella solo quiere soñar con los angelitos como le decía su madre y no sentirse escalfada y que su padre la coja de la mano como hacía cuando era muy niña y tenía dos coletas.Y así seguir contando estrellas y más ahora que Squirtle y Meganium son parte de ellas, sentir una vez más sus caricias y sus palabras y sus abrazos y su olor de pan recién horneado y su dulzura única muy, muy cerca.








viernes, 19 de diciembre de 2025

Un hogar con vistas

Qué belleza incontestable es el oleaje embravecido como si estuviese en la carrera de cuadrigas al estilo Ben-Hur compitiendo por ser la ganadora en romperse mejor o engullir la arena de la playa. Contemplar tan aguerridas las olas que parezcan caballos desbocados, pura sangre como un crepitar de recuerdos que me llevan a mi hogar, a mi primera memoria.

Imagínense esa misma escena desde la ventana discreta de tu hogar al amparo del calor de tus padres. Me viene a la mente que esa película duraba más de tres horas y media, qué placer infinito pasar ese tiempo de cine. Para nosotros lo era con vosotros. No se te hacía larga, la vida tampoco y no tenía nada que ver cómo se respiraba entonces. 

A mi padre le parecerían de risa los shorts que vemos ahora, él seguro que prefería dos horas de Gila, todos lo preferíamos a él, a Gila también.

Mi madre con Lo que el viento se llevó , casi cuatro horas de película, se quedaba hipnotizada como al leer la novela, a nosotros nos gustaba leerla a ella. Y entre fotograma y fotograma de esta nostalgia arenosa, pienso en nuestro hogar en el que rugía el viento del Atlántico con fuerza y esas olas como si estuviesen dentro del musical West Side Story peleando los " Sharks" y los " Jets".

Riazor era mucho más que manta y sofá y pelis, largas sobremesas y los altos hornos de Vizcaya( que así entre risas nos decíamos en las reuniones familiares y de amigos) con esa calefacción central del edificio. Riazor para mí era mi hogar, mis padres y mis hermanos, mi colegio enfrente, mis amigas, mi primer amor...ese lugar donde saben tu nombre...

Esa esquina, a modo irreductible aldea Gala donde estaba nuestra casa y sucedía todo dentro y fuera, lo inmenso y lo pequeño, en la que mi madre repetía una y otra vez que no nos acercáramos al rompeolas que había. Miraba, sobre todo, a mis hermanos con esos bellos ojos verdes en los que acampar toda la vida, advirtiéndoles del peligro; yo era demasiado pequeña y para mí era solo la rotonda de mi infancia en la que en los veranos patinaba hacia su regazo y me merendaba la tarde. En aquellas rocas también se robaron besos, algunos de los mejores momentos vividos con alguna de mis amigas entre risas y confidencias de primera mano, sin móviles, no había spoilers, era crecer a fuego lento. 

Antes no existía el paseo marítimo como se conoce ahora, lo hicieron más tarde; mi padre paseaba por él, se encontraba a tantos conocidos que parecía que hubiese estudiado en el Pabellón de los Deportes, se le decía. Si iba a su lado, sentía cuánto se le quería y agarrada de su brazo, tenía la certeza que era muy afortunada de ser su hija, algo que él transformaba sin darme cuenta y me presentaba como su niña bonita, su pequeña...qué grande eras papá.

En aquellos amables tiempos, hace ya mucho que no lo son, las olas llegaban hasta la plaza de Pontevedra como si nada. Luego la arena cubría las calles y la naturaleza se desbordaba como la humana de mis padres. Tanta generosidad era encomiable, se os echa de menos y esta vez la nostalgia me ha llevado de la mano de ese oleaje con tanto carácter que hay en estos días confusos.

Y recuerdo también la casa con las paredes empapeladas, una moda que duró lo que se le dejó como suele ocurrir con las modas. 

Mi padre decidió que había que quitar ese papel y pintar la casa de blanco y nos pusimos todos a ello, cada cual en su justa desmedida. Mamá cuánto tiempo nos dedicabas, lo mejor que se puede hacer, ofrecer tu tiempo. Los dos fuisteis el primer streaming de la historia, un flujo continuo de entrega en vivo y en directo.

Nos convertimos en pintores de brocha gorda y a medida que se terminaba con una habitación , nos quedábamos en el salón durmiendo todos juntos ( los que todavía no se habían casado) en colchones tirados en el suelo. Nos rodeaban los muebles y nos sentíamos en una especie de fuerte como el que montaba mi hermano,mi orfebre de palabras preciosas, con los Playmobil.

Vuelvo al oleaje, a ese hogar con vistas al mar abierto, a las pelis del sábado noche, a esa carrera de cuadrigas en la pantalla pequeña y a la pantalla gigantesca del océano al mirar por la ventana, a esas tormentas que se veían venir desde los lejos, a todos los abrazos de mis padres, a las canciones dispares del tocadiscos de mis hermanos que se debatía entre la Unión, Paco Ibáñez o Gwendal y en el radiocasete, en blanco y negro sonaba " Toda una vida, me estaría contigo, no importa en que forma, ni dónde ni cómo pero junto a ti..." y la saga de los Porreta.

Es tan fino y largo el hilo de la cometa de mis vivencias en ese hogar con vistas que al tirar de él, vuela sobre esa pleamar espléndida, única e incomparable entre música y cine y amor a raudales, la bella imagen de mis padres con su entrega sin fascículos, sus palabras sabias que corren como la savia de los árboles con sus buenas raíces, sin duda las nuestras fueron inmejorables y se extraña, cómo se os extraña!!

Estos días al sentir al mar como se le abre hasta las entrañas su salitre, me ha llevado al hogar, al primero, al principio de todo que nunca se debe permitir que sea tu final por mucho que ciertas heridas sangren...vuestra ausencia no es fácil.

Es bonito recordarlo, así te sientes como te pellizca la nostalgia y te das cuenta que estás vivo y cómo las lágrimas se asoman a la orilla de tus mejillas.

El no teneros aún duele y mucho pero es porque os tuvimos y eso es haberte bañado en una marmita de ternura durante tantos años muy vívidos.


miércoles, 10 de diciembre de 2025

Esas pequeñas cosas que pasan

En un parque hay un atraco de bancos en ciernes, un flashmob de deshollinadores en un improvisado tejado y una discusión a las tres en punto en la que nadie será vencedor ni vencido, solo muy puntuales en su estupidez.

La soledad se viste de novia no muy lejos de allí. La desconocida del quinto...pino no la puede ayudar con el velo que siempre ha cubierto su mirada después de un despeinado espectacular de su peluquería de cabecera a la que nunca ha ido con asiduidad, no por pereza, su pecado es más de provincias y en la actualidad ya no hay diligencia, por mucho que su alma se sienta de otra época.

Hace frío dos calles hacia abajo, tanto que no recuerda el porqué de haberse presentado en pleno otoño, pero tenía ganas de conocerlo y ha sido amor a primera vista, no tiene ninguna intención de marcharse de su lado.

En una fuente de vida que respira piedra mientras sopla su aliento de agua a borbotones, una jovencísima pareja saca de su bolsillo una carcajada redonda de plata y al echarla dentro, pide un deseo con sus ojos en silencio muy alto como si fuese su primera plegaria, tan imberbe que parece jugar al escondite y al finalizar se dicen callados: por nosotros y por todos nuestros compañeros; aún desconocen que se están enamorando sin querer y que recordarán ese preciso instante cuando peine canas su nostalgia y suspire su madurez, antes que cierre para siempre su mirada la vejez.

miércoles, 3 de diciembre de 2025

El apagado navideño

En el portal de un edificio están dos vecinos enzarzados en quién es más Grinch o señor Scrooge, solo se hablan por estas fechas y sin darse cuenta arman un belén que ni les importa ni a ningún inquilino interesa.

Mientras en una urbanización un solo de tristeza en lonchas gruesas, unas cincuenta y tres, suena en voz baja y en alta sueña con el paté de ternura que conlleva la nostalgia de tiempos pequeños y entrañables que borbotean al recordar a una niña que pertenecía a una gran familia numerosa y con ese característico olor de madera noble de aquel hogar en una incomparable esquina del Atlántico ahora perdido hasta su salitre.

Una chica no tan joven siente la ausencia como un zarpazo en la distancia, las luces afónicas de las que ya no pueden alumbrar aunque quieran, los abrazos que se quedaron en la sala de espera para ser llamados para la peor de las noticias, las caricias mudas de esos besos que no llegaron a rimar nunca más con nadie; ella se ha convertido en ese verso suelto que mira a un norte quizás demasiado asonante.

Llueve sin tregua en el olvido que respira tres calles más abajo, dos perros empiezan a dar sus primeros ladridos. El empapado repartidor cansado de tantos paquetes que entregar, no entiende el porqué tanta gente enloquece con el Black Friday y su furgoneta se queda sin batería como el matrimonio que vive en la casa más artificialmente iluminada del vecindario, tal vez se hayan caído de lleno en una peliculera marmita de navidades americanas.

Y al final de un túnel, el atasco de luces en plenas compras y salida de sus trabajos es tan largo que el último de la fila, cree que ha sido un accidente y reza entre bocinas y su impropio ruido para que no haya sido nada grave y la madre piensa que llegará tarde a recoger a su hija en la facultad que parece un colegio empoderado venido a más por un plan de estudios que no comprende.

Mientras la noche ya ha caído a media tarde, en muchos lugares la ilumina la Navidad que parece que se mide en cuántas luces LED tiene el centro...de sus ombligos. Y por ello de pataleta se pone la mediocridad, una palabra peyorativa y tan fea como la indolencia. 


jueves, 13 de noviembre de 2025

Quedarse con el alma boquiabierta

Me quedé con nadie, con sus mañanas remolonas de domingo, de sábanas de marmota, con sus tardes que llegan tan tarde, impuntuales de viento y de lluvia, con sus noches de pijama sin fiesta, de canciones que hablan de amores imperfectos, de despedidas que comienzan.

Me quedé perpleja al sentir tanto vacío en la nevera de mi ansiedad ya bastante vieja, tan manida, desgastada por dentro y por fuera. Tantos años en esa desespera que es la duda pero que te mire de frente la certeza.

Me quedé lejos...apartada de esas bonitas ferias en las que pasean los mayores mientras sus nietos corretean, en las que se toma algodón de azúcar y tus recuerdos de infancia de confeti se llenan con tus padres y hermanos bien cerca...como esa mañana de Reyes con el vinilo de Pippi Calzaslargas en tus manos pequeñas.

La memoria me da largas si quiero recordar tantas huellas, con las de mis padres nada tiene que hacer todavía, las oigo decirme que sueñe bonito y que no tenga miedo a las tormentas.

Me quedé y aún no sé cómo hacer con este tiempo entre roturas que en mis manos tiembla; al ser soñambulista, complicado es mantener en lo alto la línea recta, acordarse de echar azúcar en la rutina como si fuese una receta y en los pasos del camino, evitar que me tropiece el coraje si es que algo aún me queda.

Silenció la puerta al cerrarse todo lo que a ruido suena, se abrieron las ventanas de par en par como si fuesen los ojos de unas lechuzas en la oscuridad espesa. 

El graznido de la noche se apagó e intentó ladrar un joven y confundido gato, sí un gato, aún no sabía bien quién era. Los pájaros dormían su vuelo y yo me quedé...sin mis alas despierta.