Érase un vez una princesa entre todas las princesas, la más tierna y más bella que vivía en el Reino más atlántico a la esquina del océano.
Se casó con el valeroso caballero de escueto cuerpo, delgado como un suspiro, entregado en su gestos, el más grande de todos los tiempos. Tuvieron muchos hijos y mucha adoración entre ellos. Nunca se conoció un amor tan verdadero.
En su hogar con vistas al mar, por la noche ella veía los barquitos que salían a faenar cuando los habitantes del Reino ya dormían serenos.
Tenía remedios mágicos para todo, cosía con cariño cualquier roto, mimaba los sueños...se llenaba la casa con los amigos de sus hijos y daba luz a la oscuridad de tantos y disfrutaba con el nido repleto y fue la más feliz cuando llegaron sus nietos.
En todo cuento hay una bruja y aquí también pero no voy a hablar de eso. Prefiero recordar a la princesa en todo lo bueno que vivió y sumergirme en sus ojos verdes e inmensos, en sus sabias palabras y en sus escarceos con los silencios. Cuando se reía, florecían hasta los cerezos. Cuánta vida había en aquel Reino de ternuras esmeralda y de flores en el invierno.
Leía muchos libros, la mayoría historias de amor, hacía ganchillo y collages con recortes de revistas después de leerlas y dibujaba de maravilla y escribía en unos cuadernos sus pensamientos. Cocinaba para todos según sus gustos y un sabroso flan de Colacao que mucho disfrutaban los más pequeños.
Fue una madre tesoro, de las que es difícil encontrar, a la que se le conocía como a la señora de los niños, dulce y cariñosa, hasta su cabello era de algodón de azúcar y sus besos, puro caramelo.
Con ella nació la primavera y se tuvo que marchar un maldito febrero. Menos mal que a las puertas del cielo le esperaba su valeroso caballero. Y en aquel momento de cierzo, al Reino quizás le sirvió un poco de consuelo, ese reencuentro.
Cuentan que pasean de la mano y que su amor de caricias de ángel está hecho. Si veis que se desprenden algunas plumas blancas desde arriba son las suyas y si de pronto muy azul es el cielo, lo colorea la princesa con todo su ingenio.
Fueron los mejores padres, admirables personas en las que el amor era su sello, de esas que te acarician por fuera y sobre todo, por dentro.
Y colorín, colorado...este cuento siempre será recordado, por ser el de la bella princesa entre todas las princesas y su valeroso caballero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario