miércoles, 18 de marzo de 2026

Una bella mujer de cuento

Érase un vez una princesa entre todas las princesas, la más tierna y más bella que vivía en el Reino más atlántico a la esquina del océano. 

Se casó con el valeroso caballero de escueto cuerpo, delgado como un suspiro, entregado en su gestos, el más grande de todos los tiempos. Tuvieron muchos hijos y mucha adoración entre ellos. Nunca se conoció un amor tan verdadero.

En su hogar con vistas al mar, por la noche ella veía los barquitos que salían a faenar cuando los habitantes del Reino ya dormían serenos.

Tenía remedios mágicos para todo, cosía con cariño cualquier roto, mimaba los sueños...se llenaba la casa con los amigos de sus hijos y daba luz a la oscuridad de tantos y disfrutaba con el nido repleto y fue la más feliz cuando llegaron sus nietos.

En todo cuento hay una bruja y aquí también pero no voy a hablar de eso. Prefiero recordar a la princesa en todo lo bueno que vivió y sumergirme en sus ojos verdes e inmensos, en sus sabias palabras y en sus escarceos con los silencios. Cuando se reía, florecían hasta los cerezos. Cuánta vida había en aquel Reino de ternuras esmeralda y de flores en el invierno.

Leía muchos libros, la mayoría historias de amor, hacía ganchillo y collages con recortes de revistas después de leerlas y dibujaba de maravilla y escribía en unos cuadernos sus pensamientos. Cocinaba para todos según sus gustos y un sabroso flan de Colacao que mucho disfrutaban los más pequeños.

Fue una madre tesoro, de las que es difícil encontrar, a la que se le conocía como a la señora de los niños, dulce y cariñosa, hasta su cabello era de algodón de azúcar y sus besos, puro caramelo.

Con ella nació la primavera y se tuvo que marchar un maldito febrero. Menos mal que a las puertas del cielo le esperaba su valeroso caballero. Y en aquel momento de cierzo, al Reino quizás le sirvió un poco de consuelo, ese reencuentro.

Cuentan que pasean de la mano y que su amor de caricias de ángel está hecho. Si veis que se desprenden algunas plumas blancas desde arriba son las suyas y si de pronto muy azul es el cielo, lo colorea la princesa con todo su ingenio.

Fueron los mejores padres, admirables personas en las que el amor era su sello, de esas que te acarician por fuera y sobre todo, por dentro.

Y colorín, colorado...este cuento siempre será recordado, por ser el de la bella princesa entre todas las princesas y su valeroso caballero.

domingo, 15 de marzo de 2026

Milhojas de cielo

Te pienso y tiemblo un poco porque ya no puedo felicitarte, darte un beso, contarte qué me pasa, o qué tal el café en Sieiro. Sé que no hablaré contigo como siempre hacíamos...si había zozobra en el invierno o si la primavera estallaba con sus colores intensos; si el otoño deshojaba nuestros anhelos o si el verano con su ocio tiznaba la piel de los sueños o simplemente desearte un feliz cumpleaños y decirte en un rato nos vemos.

Te pienso en un día como hoy con tus brazos bien abiertos, con esa manera tuya tan de verdad en tus palabras, en tus gestos. Qué bueno eras papá y qué difícil se hace no acurrucarme en tu cuerpo.

¿Hay crucigramas en el cielo? O camisas de tu talla tan Giacometti, de esas que te gustaban ajustadas en el cuello? Y milhojas de cuento? ¿Qué libro, mamá, está leyendo?

Tu nieta pequeña, puedes verla cómo sigue dibujando, esos increíbles trazos que hace, aunque no se lo crea, cómo se dedica con toda su bella alma a ello? Mamá siempre le pedía que le pintase algo, cómo se le iluminaba la cara y el verde de sus ojos parecía más verde si cabe, qué gratos recuerdos de papel. Nunca los olvidaré, esos pedacitos tiernos.

Y a su hermana, la observas? Cómo lleva una camiseta con el número ocho a su espalda al jugar al fútbol ? Seguro que no te pierdes ningún partido... más cerca estáis de lo que pienso. Dicen que juega muy bien que solo le falta coger fondo y tener más cuerpo. Estarás de acuerdo? Si hoy te ha dedicado un gol es solo para que lo notes tú, su querido abuelo. Bien la conoces, lo suyo va por dentro, no tiene que enterarse nadie para que sea auténtico.

Te acuerdas que siendo muy pequeña, jugabas a la pelota con ella en el jardín mientras mamá estaba debajo del sauce sentada junto a vuestra otra nieta, cómo disfrutaba viéndolo. Me pedía un trozo de bizcocho y zumo fresquito, deliciosos aquellos momentos.

Habéis jugado mucho con todos vuestros nietos. Ojalá hubiesen tenido más tiempo los más pequeños...

Os echamos mucho de menos, dile a mamá que no se moleste si el dieciocho no puedo escribirle unas líneas, ruge el león que llevo dentro; estos días especialmente está revuelto por tantos momentos únicos pasados de por medio.

Cuánto la admiro y la quiero!!! Qué difícil es ser madre, no sé cómo pudo hacerlo! Creo que no se lo agradecí lo suficiente, fue una maestra maga en ello.

Soplar las velas los dos, quizás se levante algo de viento, que respire fuerte Riazor, que alce el salitre su vuelo.

En todas mis oraciones, presente os tengo que no pasado, se puede pensar que hablo sola y sin embargo me contesta un hermoso velo de silencio.

Si susurro despacio, en ese instante se eriza la piel de mi pensamiento y al cerrar los ojos, os veo, juntos de la mano como si vuestro amor fuese de estreno sobre la alfombra roja de ese atardecer de verano que me trae tantos recuerdos buenos.

miércoles, 4 de marzo de 2026

No es un búho siempre el que ulula

El parque se alborota sin que nadie se dé cuenta, sobre todo al hibernar, se inquieta hasta el agua de la fuente. La hierba cansada está que la pisen y la helada estropee su verde menta.

Hay murmullos en bancos húmedos por el rocío, en su vis a vis los silencios se detienen, se echa de menos hasta el bullicio de la gente que sin la calidez del estío parece envilecerse en un dantesco mundo en el que se ha olvidado lo que era amarse.

No es sencillo vender lo que no se tiene, mas uno no se quiere hacer ilusiones si como pompas de jabón se desvanecen. Eres invierno y padeces... ya que envejeces rápido y sin tiempo para idioteces.

La nieve solo luce bonita en las estampas navideñas o en la tele de antes y sin redes.

A lo lejos canta el mismo ruiseñor del cuento ese y sigue aún con los ojos cerrados la bella durmiente, el lobo soplando por doquier y quedando de imbécil. Pero más desasosiego hay en el cuento que le echa cierta gente, si al comienzo la bruja no se muestra y cuando menos lo esperas, aparece.

Lo que no se dice por algo es y uno no para de pensar demasiado y deshacerse.

Por ejemplo este trozo de relato que perece... 

Hace ya mucho tiempo que no se le echa de menos, se apartó por no dejar de doler y algunos tienen planes que ahora mismo no le apetecen.

Efímera disimula, resiliente, vocablo tan de moda que le parece absurdo como invidente. Y respira también una pizca de valiente y algún día logrará ser tan bonita como a sus padres les parecía y aún en esa maldita ley de vida de distancia obligada, fusilada por des/fallecida, prefiere creer que la observan, la cuidan, la sostienen.

No se le oye porque calló de repente... en la cuenta nada (contra)corriente como tantos por unos instantes hirientes y el viento de su norte le golpeó de frente.

Los ruidos no siempre vienen de fuera y la mentira no es su fuerte. Ir de cara no es muy común como tener demasiados finales y más si eres de principios, el camino continúa tan oscuro pero no es un búho siempre el que ulula y sí que hay árboles que dejan ver bien el bosque, los que alzan sus ramas desnudas a un cielo que no alcanzan como si le suplicaran ayuda cuando su tronco se resquebraja de las raíces que lo hicieron crecer.

Y de qué manera se retuercen en su auxilio, se erizan hasta estremecerse como erizos con sus púas e hibernan solos como es certera la tristeza y sus arrugas... de aristas hechas con ese azul a/mar de peculiar y hermosa ternura. Comenzar de nuevo no es fácil si ya te dieron peladas las uvas.

viernes, 6 de febrero de 2026

Instantáneas al dente

Voy a hablar de unos pequeños aires cálidos que apenas se notan, a veces pasan desapercibidos cuando ocurren y no por tímidos precisamente pero parece que no hay tiempo para saborearlos. Y luego brotan según el peso y el paso de los d-años cuando menos te lo esperas; vendrían a ser como selfies archivados en nuestra memoria pasada que no posada. Cada uno tiene los suyos. Naturales y en su punto.

La sonrisa de mi madre al acercarme a ella, sus ojos llenos de emoción que se empapaban más de verde, el olor a bizcocho de los viernes cuando mi hermano regresaba de la mili, las figuritas que hacía con maicena y eran tan dulces como ella. Sus pinzas de la ropa colgadas en su mandil puestas por la pillería de dos de mis hermanos mayores, su zapatilla volando que nunca acertaba, era como un grito cómodo y cómico lanzado al aire para reñir muy de aquella época; su manera única de arropar a cada uno por la noche como si fuésemos pedacitos de apreciada ternura, sus confusiones en el lenguaje con las palabras, por ejemplo siempre le dieron mucha grima los gánsteres( decía en vez de hámsters ), el olor inconfundible de su piel delicada a ninguna crema y sus pies pequeños como sus gestos entrañables y su cabello de algodón de azúcar.

El tacto suave de las manos generosas de mi padre, sus caricias incomparables que calmaban, el sabor de sus palabras de una sabiduría incalculable, sus piernas nerviosas viendo al Depor y que no paraban hasta meter él mismo el gol. Su manera de hacer crucigramas de una manera concienzuda, su café en el mismo bar a media mañana, tan caliente que no sé cómo no le quemaba. Su paciencia infinita con todos, sin excepción, su fuerza de voluntad y su capacidad para amar sin excusas. Su forma de conducir en la que te mareabas sí o sí, rápida y con determinación, parecía que nos persiguiese alguien como en esas películas de acción que tanto le gustaban. Su predisposición para todo ...Nunca vi hacer albóndigas tan pequeñas y tantas como para comer un regimiento, en mi casa siempre llena que ni con ocho bastaba.

Y ambos te sabían escuchar y de qué manera...algo que se nos olvida que no es nada sencillo, compartían con nosotros todo su tiempo pese a que a trabajadores no les ganaba nadie- sigo pensando que mi padre era el que ponía las calles para que al despertar ya estuvieran ahí para nosotros-.

Y dedicar tiempo es algo que cada vez se hace menos y no nos engañemos, aunque no hubiese móviles, seguiríamos no haciéndolo porque cuesta mucho regalar tu tiempo. Y mis padres lo hacían como ya no lo hace casi nadie. 

A veces pienso que las divertidas sobremesas se inventaron en mi hogar, como las olimpiadas que se hacían en el largo pasillo con los amigos o las acampadas con mi hermano, el pequeño de todos ellos, debajo de la mesa camilla del salón a la que llevábamos linternas, comida y cantimplora y allí nuestra imaginación volaba como si estuviéramos en plena naturaleza. O la música bien alta del tocadiscos puesta por dos de mis hermanos que mi padre amenazaba con llevarse al coche porque decía que se escuchaba desde el portal al llegar de trabajar o esas comidas a modo italiano en la cocina con ventanas al patio de luces o esos desayunos recién exprimidos con Colacao y magdalenas, por ejemplo, de la Bella Easo para los cinco sin perro aunque mi hermano el mayor lo hubiese intentado en alguna ocasión según me tienen contado.

Se desvanecen rápido sus voces en mi mente y me rompe el no poder recordarlas pero me quedo con tantos instantes, vívidas imágenes, momentos de lo más variado, buenos y no tanto. Pero hay un leitmotiv en todo ello: amor. El norte quizás podías perderlo pero estaban allí como siempre para ayudarte a encontrarlo. 

Se les echa mucho de menos y solo queda recordarlos y sentirse afortunados por haberlos vivido. Consuelo? no sé. Pero sí mucha vida y la tuvimos en ple/amar sobre nuestras manos gracias a mis padres y en mi caso también a mis hermagos mayores. Es hermoso recordar lo auténtico sin que te des cuenta, solo por sentir y por haberlo vivido, sed de estar siempre agradecido.

lunes, 5 de enero de 2026

Con/fianza nada 0,0

Un grupo de jóvenes con la L a su espalda hacen lo im/propio de su edad a altas horas de la madrugada, beben y viven como si su día siguiente fuese a desaparecer de forma fulminante.

Pasa cerca de allí un coche muy rápido en zona de treinta por hora, una persona no tan joven hace eses con las ruedas. La policía se detiene ante el grupo en prácticas pero deja correr, nunca mejor dicho, al conductor del ebrio vehículo.

Más tarde les llega el aviso que ha habido un accidente, se van de allí advirtiéndoles a los chicos que por esta vez harán la vista gorda.

El peligro se esconde en lugares insospechados al lado de las decisiones recién salidas que por el simple hecho de tomarlas a la ligera, convierten en blanco fácil para los errores y juntos cantan bingo en la oscuridad de lo estúpido.

Cuando llegan al lugar de lo ocurrido solo se ve lo siniestro que ha dejado la supuesta madurez al volante. Dos ambulancias se miran tristes y tienen esas luces que no son pocas que están hartas de pisar lo fregado por los mismos.

Un móvil suena urgente a uno de los jóvenes, su padre le dice que le acaba de avisar la guardia civil que la madre está siendo llevada al hospital. Un coche la ha embestido por ir borracho y éste ha salido ileso o quizás ninguno de todos ellos. 

Se da cuenta que no solo es colega de sus amigos y ya está, también es hijo, nieto, hermano, sobrino, primo... y se queda en sombra, mirando para la pantalla, esta vez, negra del suelo.

La noche parece más oscura y más ebria que de costumbre, una amiga de la pandilla empieza a encontrarse mal y se cae bruscamente, sus eles se ponen nerviosas y no saben qué hacer pero llaman como si fuesen a delatarse... a emergencias...aquí no sirve mandar un mensaje. 

Al final las generaciones de las últimas letras del alfabeto se mezclan como un cóctel molotov en la sala de urgencias. No es que no sepan beber, bajo una falsa con/fianza viven como si estuvieran en un juego virtual. Unos y otros creen saber latín y el carpe diem in extremis etílico no es la única lengua muerta y sí un arma nada blanca de doble filo.