Si aparece que tarde, si viene pronto que coja dormido al valle, que no le despierten ni la rabia ni el desaire, que no dejen que el olvido con el tiempo haga su desguace, digo, su parte.
Sería mejor recordarlo todo, que no se escapen esos pequeños detalles, los que se vuelven gigantes, sin rencores sin anclajes grandilocuentes, ni adornos de off absurdo, solo brotes tiernos de los cajones de/sastres, de trenzas torcidas, de divertidos disparates, sin alardes, como tropezar de pleno con la risa en la calle.
Qué injusto es que solo se alabe en la ausencia y lo im/propio criticar a espalda descubierta y por eso mejor en mi lápida de haberla, que aparezca un prólogo y en mi relato, un ramo de pensamientos a modo epitafio, que en el ya finado insomnio bostecen los créditos y en el dolor al fin acabado, vuele un salmo hacia un azul improvisado, de esos que te sorprenden por parecer recién pintado.
Y que la tristeza sea un corto 0,0 tirado y el título póstumo solo un bello espacio en blanco y las cenizas de humo/r negro como puntos suspensivos... Fuera los interrogantes donde debería haber solo exclamaciones, esos signos alzados que son como pompones. Nada de documentales en la feria de las vanidades y que las huellas sean sin cordones o que luzcan esbeltas con pantalones, su pelo suelto al bailar en la arena, tantas canciones.
No quiero un minuto de silencio, la vida ya va servida de estos, prefiero que se hable por los codos, que no se echen flores ni que se digan los típicos tópicos y que si apetece llorar que se llore, siempre parece que uno no puede expresar sus emociones; igual que reír, se trata de sentir y lo más importante que la caja sea de bombones.
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