sábado, 18 de abril de 2026

No es del todo cierzo

No supo marcharse y ella se rompió al quedarse. Se convirtió en equipaje y no se mudó a ninguna parte. Lejos de todos y cerca de su nadie.

Tuvo la indecencia de sentir... sus desnudos sin ningún pudor como otros que taparon sus carnes y las cicatrices de muchos como propias y se agotó de sí misma con tantos desaires. Y no le da vergüenza decir que no le gusta cómo es. Pero no todo vale, que no se le mire si sufre o si parece que no está, siente que le lleva por delante, como en una cacharrería, el elefante.

Algunos de sus fantasmas son de andar por casa, sus temores imperdibles reconocidos y sus defectos descosidos...a veces, a tiros. Y aunque no es del todo cierzo, insistente le jadea en la nuca el desaliento, frío, seco...

Escuchar y no juzgar, verbos que de la mano ella supone que deberían ir, como esos secretos a voces que murmuran a sangre, le muerden ciertas huellas y su miedo lo sabe. Y duele y sale corriendo como sus lágrimas y su cobarde, a cualquier hora y en la misma calle.

Habré cambiado tanto se pregunta y no le responde ni el silencio seco ni el soliloquio gigante, algo en ella se retuerce y arde. Pasan los d-años y se los encuentra en el mismo lugar en el que una tarde, su nombre dejó sus ropajes y sola tomó la in/decisión sobria de abandonarse.

Así la ven, así desaparece y entre prisas, se le empapa el corazón y en la tormenta que siente, es como un telón de fondo, ya no se le escucha nada y el ruido de los demás y el suyo propio le ahoga y le en/calla. Y la que al final parece que primero se va, es ella y con otro ingrato en su mirada muda mientras ellos no se despojan de sus alardes.

No es nada fácil sufrir si su valor está siempre de viaje. Ella piensa : " duelo, lo sé y como sustantivo y verbo " y para no dar más detalles, no solo echa de menos tantos momentos valientes y joviales, grandes noches, conciertos inolvidables, sin pantallas sin móviles, imágenes en la retina memorable; también ciertas edades donde el as era de copas...de helado, de risas, de bailes, de confidencias en hermosos lugares como lealtades sin dudas sin ambages. 

A la tristeza que sutilmente hiere, la que se le des/viste por los pies, no la quiere cerca ni para un café, nadie. Son muchos los que duelen, cada cual padece agazapado en su irreductible trinchera infinita, la melancolía si es incisiva, grita como esa rara flor que brota y de repente marchita. 

Todos hemos pasado por los mismos lugares, inútil es la lucha de egos que envilece y el que se piense que solo es uno el que está peor ni sabe vivirse ni callarse. Son otros tiempos, otros mares, insospechados instantes des/vividos y la misma noche insomne en el desván de los cobardes.

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