Quiero escribir bajito, que no se oiga demasiado lo que digo, que la oscuridad se encienda solo un poquito.Y así entre susurros ocres que no se pinte mi negro tan triste, que vuelen de mi cabello los grises.
Entre silencios me desvelo si las palabras desnudas se quedan, tintinean las flores secas y el jarro de agua fría enmudece y maúlla tanto la pena. Se siente cálida la nostalgia, se ha puesto tan siamesa que veo hasta el mantel de mi madre en la mesa puesta.
Beso tus cuentos que la noche aprieta, mamá dime qué le pasa a la princesa porque rebuzna su azul y es tan cenicienta. Añoro tu voz y tu piel que no olía a ninguna crema, parece que te oigo ahora que la luna ya no me abraza, se me derrama la miel de mis ojos y la sangre se inquieta.
Mi vida, me dices, no tengas miedo y yo me aferro a tu fuerza. Me vistes de ternura la almohada y mis huellas, vuelvo sin pretenderlo a los años setenta.
Incierto era que siempre estarías, se rompe el silencio, grita tu ausencia, no sé si fui una buena hija ni si soy mejor huérfana. Menuda cobardía la mía y qué mierda es esta. Lo sé, la vida...a veces de luto, otras de fiesta; la caja de bombones y la tómbola de aquella niña Marisol que tanto te gustaba verla.
Maldita la hora en la que supura esta maldita tormenta, se hace tarde, la madrugada, ebria la certeza y más si tu cabeza centrifuga y la botella sigue llena. Y solo anhelo que vuelvas. No despiertes a papá que no quiero que me vuelva a ver en la misma cuneta con las cortinas colgadas aunque ya lo sepa.
Se fue vuestra luz en la ciudad como la niebla húmeda tiembla. Se me hizo la noche un nudo y tengo demasiado gruesa la cuerda. Y ciega mi boca, muda mi mirada y manca mi escalera que sin peldaños no subo ni a tientas y así parpadea cierta tristeza blanca, a solas dormida con la pata coja pero no a pierna suelta.