miércoles, 4 de marzo de 2026

No es un búho siempre el que ulula

El parque se alborota sin que nadie se dé cuenta, sobre todo al hibernar, se inquieta hasta el agua de la fuente. La hierba cansada está que la pisen y la helada estropee su verde menta.

Hay murmullos en bancos húmedos por el rocío, en su vis a vis los silencios se detienen, se echa de menos hasta el bullicio de la gente que sin la calidez del estío parece envilecerse en un dantesco mundo en el que se ha olvidado lo que era amarse.

No es sencillo vender lo que no se tiene, mas uno no se quiere hacer ilusiones si como pompas de jabón se desvanecen. Eres invierno y padeces... ya que envejeces rápido y sin tiempo para idioteces.

La nieve solo luce bonita en las estampas navideñas o en la tele de antes y sin redes.

A lo lejos canta el mismo ruiseñor del cuento ese y sigue aún con los ojos cerrados la bella durmiente, el lobo soplando por doquier y quedando de imbécil. Pero más desasosiego hay en el cuento que le echa cierta gente, si al comienzo la bruja no se muestra y cuando menos lo esperas, aparece.

Lo que no se dice por algo es y uno no para de pensar demasiado y deshacerse.

Por ejemplo este trozo de relato que perece... 

Hace ya mucho tiempo que no se le echa de menos, se apartó por no dejar de doler y algunos tienen planes que ahora mismo no le apetecen.

Efímera disimula, resiliente, vocablo tan de moda que le parece absurdo como invidente y también una pizca de valiente y algún día logrará ser tan bonita como a sus padres les parecía y aún en esa maldita ley de vida de distancia obligada, fusilada por des/fallecida, prefiere creer que la observan, la sostienen, la cuidan.

No se le oye porque calló de repente... en la cuenta nada (contra)corriente como tantos por unos instantes hirientes y el viento de su norte le golpeó de frente.

Los ruidos no siempre vienen de fuera y la mentira no es su fuerte. Ir de cara no es muy común como tener demasiados finales y más si eres de principios, el camino continúa tan oscuro pero no es un búho siempre el que ulula y sí que hay árboles que dejan ver bien el bosque, los que alzan sus ramas desnudas a un cielo que no alcanzan como si le suplicaran ayuda cuando su tronco se resquebraja de las raíces que lo hicieron crecer.

Y de qué manera se retuercen en su auxilio, se erizan hasta estremecerse como erizos con sus púas e hibernan solos como es certera la tristeza y sus arrugas... de aristas hechas con ese azul a/mar de peculiar y hermosa ternura. Comenzar de nuevo no es fácil si ya te dieron peladas las uvas.