lunes, 5 de enero de 2026

Con/fianza nada 0,0

Un grupo de jóvenes con la L a su espalda hacen lo im/propio de su edad a altas horas de la madrugada, beben y viven como si su día siguiente fuese a desaparecer de forma fulminante.

Pasa cerca de allí un coche muy rápido en zona de treinta por hora, una persona no tan joven hace eses con las ruedas. La policía se detiene ante el grupo en prácticas pero deja correr, nunca mejor dicho al conductor del ebrio vehículo.

Más tarde les llega el aviso que ha habido un accidente, se van de allí advirtiéndoles a los chicos que por esta vez harán la vista gorda.

El peligro se esconde en lugares insospechados al lado de las decisiones recién salidas que por el simple hecho de tomarlas a la ligera, convierten en blanco fácil para los errores y juntos cantan bingo en la oscuridad de lo estúpido.

Cuando llegan al lugar de lo ocurrido solo se ve lo siniestro que ha dejado la supuesta madurez al volante. Dos ambulancias se miran tristes y tienen esas luces que no son pocas que están hartas de pisar lo fregado por los mismos.

Un móvil suena urgente a uno de los jóvenes, su padre le dice que le acaba de avisar la guardia civil que la madre está siendo llevada al hospital. Un coche la ha embestido por ir borracho y éste ha salido ileso o quizás ninguno de todos ellos. 

Se da cuenta que no solo es colega de sus amigos y ya está, también es hijo, nieto, hermano, sobrino, primo... y se queda en sombra, mirando para la pantalla, esta vez, negra del suelo.

La noche parece más oscura y más ebria que de costumbre, una amiga de la pandilla empieza a encontrarse mal y se cae bruscamente, sus eles se ponen nerviosas y no saben qué hacer pero llaman como si fuesen a delatarse... a emergencias...aquí no sirve mandar un mensaje. 

Al final las generaciones de las últimas letras del alfabeto se mezclan como un cóctel molotov en la sala de urgencias. No es que no sepan beber, bajo una falsa con/fianza viven como si estuvieran en un juego virtual. Unos y otros creen saber latín y el carpe diem in extremis etílico no es la única lengua muerta y sí un arma nada blanca de doble filo.